El cuerpo percibe la falta crónica de sueño como un caso de fuerza mayor y activa el modo de emergencia.
Las consecuencias de este fallo se dejan sentir no sólo en la somnolencia por la mañana, sino también en los procesos subyacentes que rigen la salud, según el corresponsal de .
La reparación de células y tejidos, la producción activa de anticuerpos de defensa: todo esto ocurre predominantemente en la fase de sueño profundo. Al privarnos de estas horas, debilitamos nuestras defensas naturales contra virus e infecciones.
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Los científicos relacionan directamente la privación regular de sueño con un mayor riesgo de desarrollar enfermedades graves, entre ellas problemas cardíacos. El sistema hormonal también funciona mal: bajan los niveles de leptina, que indica saciedad, y suben los de grelina, que estimula el apetito.
Por eso apetecen alimentos calóricos y dulces después de una noche de insomnio. Los desequilibrios a largo plazo en este balance son una vía directa a las dificultades para controlar el peso.
El cerebro privado de sueño es como un archivo desbordado sin un sistema de catalogación claro. La información nueva se asimila mal y fallan la memoria y la concentración.
La creatividad y la claridad mental se convierten en un lujo. Las emociones se vuelven inestables, aumenta la irritabilidad y la ansiedad general.
Afortunadamente, la situación es reversible y la higiene del sueño no es una tarea ociosa. El primer paso es oscurecer y ventilar el dormitorio, creando un ambiente más fresco.Dos horas antes de descansar, conviene guardar los aparatos cuya luz azul suprime la producción de melatonina, la hormona del sueño. Los rituales nocturnos, ya sea leer un libro en papel o darse una ducha caliente, envían una señal clara al cerebro de que estás a punto de desconectar.
Incluso por las dudas, vale la pena atenerse a una hora más o menos constante de levantarse y acostarse, incluidos los fines de semana. Es importante recordar que la calidad del sueño suele ser más importante que la cantidad.
Seis horas de descanso sólido e ininterrumpido pueden ser más valiosas que ocho horas de descanso agitado. Dormir no es un lujo ni una pérdida de tiempo, sino un mantenimiento básico que debemos a nuestros cuerpos y psiques.
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