Una vid que se deja sin podar es un caos, que con el tiempo se convierte en una selva impenetrable con bayas pequeñas y agrias.
La poda no es una barbarie, sino un lenguaje que hablamos con la planta, diciéndole hacia dónde dirigir sus energías: hacia un crecimiento sin fin o hacia la maduración de grandes racimos, informa un corresponsal de .
Sin este diálogo, las uvas se olvidan de su esencia frutal y se vuelven salvajes ante nuestros ojos. La esencia de la poda es dejar un cierto número de ojos (yemas) en la vid, a partir de los cuales se desarrollarán los brotes frutales en primavera.
Las variedades de crecimiento fuerte pueden «tirar» de 10-12 ojos en el brote, las de crecimiento débil bastan 6-8. El error de los principiantes es prescindir de la vid y dejar demasiados brotes, como resultado, la planta no puede proporcionar la nutrición de todos los futuros racimos, y las bayas son poco profundas.
El momento de la poda es crítico: en primavera, con el inicio del movimiento de la savia, la vid «llora», y las heridas supurarán durante mucho tiempo, debilitando la planta. La poda de otoño, después de la caída de las hojas pero antes de la aparición de las heladas por debajo de -5°C, da tiempo a que los cortes se sequen y a que la vid se prepare para el invierno.
Todos los cortes deben realizarse estrictamente a 2-3 cm por encima de la yema, para no marchitarla, y la herramienta debe estar tan afilada y limpia como el bisturí de un cirujano. Dar forma a un arbusto es crear su esqueleto para los años venideros.
En climas templados, es popular el modelado en abanico, donde varios brazos perennes llevan los eslabones del fruto. En regiones más duras, se prefiere la forma sin tallo, que permite colocar fácilmente las cepas en el suelo para resguardarlas.
La elección de la forma es una decisión estratégica, que depende de su clima y de su voluntad de cuidado. La poda de verano en verde -pellizcar, rozar, perseguir- es tan importante como la poda de otoño.
Regula la carga, evitando que el arbusto engrose, y dirige la nutrición a los racimos. La eliminación del exceso de brotes y hojas alrededor de las borlas las abre al sol, lo que mejora mucho el contenido de azúcar y el sabor de las bayas, así como la ventilación, reduciendo el riesgo de enfermedades fúngicas.
La poda es un proceso creativo en el que te conviertes en escultor, cortando todo lo que sobra para revelar al mundo la forma perfecta. Cuando una vid que antes era estéril produce racimos pesados y apretados de fruta, te das cuenta de que has hablado el mismo idioma que la planta.
Y esta cosecha no es un accidente, sino el resultado de un diálogo preciso y calibrado entre tú y la vid, en el que cada movimiento de las tijeras de podar era una frase con sentido.
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