¿Te has dado cuenta alguna vez de lo rápido que se esfuma tu dinero en efectivo si está en un solo montón?
Sacaste cinco mil el lunes, y el miércoles ya no está claro en qué te lo gastaste, informa el corresponsal de .
Los pequeños gastos diarios -café, tentempiés, viajes- crean una invisibilidad financiera que roba grandes sumas sin dejar rastro en tu memoria. Para atrapar esta «fuga», necesitas un segundo monedero puramente simbólico.
Asigna un compartimento aparte en tu bolso o ten una pequeña cartera de bolsillo. Cada mañana, pon ahí una cantidad fija de dinero que estés dispuesta a gastar en todos los pequeños gastos imprevistos del día. Cuando se acabe ese dinero, se acabaron las compras espontáneas del día. Es una regla de hierro.
Este límite físico hace maravillas. En primer lugar, empiezas a ver lo rápido que se te va el dinero y automáticamente buscas alternativas. ¿Me cojo hoy un café para llevar de casa? ¿Y caminar hasta el metro? En segundo lugar, dejas de acudir a tu paquete o tarjeta principal para cada pequeña cosa, lo que te ahorra mucho dinero para fines serios.
Llevo tres años utilizando este sistema de dos carteras. Por la mañana meten 500 rublos en la pequeña: es el presupuesto para la «felicidad imprevista».
A veces está vacía a la hora de comer, a veces el dinero se queda hasta la noche, y yo estoy orgullosa de mis «ahorros». Esta sencilla herramienta me enseñó a valorar las pequeñas cosas y me mostró claramente dónde y por qué se van miles de rublos a final de mes.
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