Lo que ocurre cuando el amor se convierte en conveniencia: la trampa de la codependencia y cómo salir de ella

Ya no puedes distinguir dónde acaban tus deseos y dónde empiezan los suyos.

Cancelas tus planes porque él está «solo», o coincides en silencio con su opinión, sólo para no perturbar la frágil paz, informa el corresponsal de .

Desde fuera parece una armonía perfecta, pero por dentro es más bien un rechazo voluntario del yo. La codependencia suele disfrazarse de amor sacrificado

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Te parece que eres muy cariñoso, paciente y estás dispuesto a hacer cualquier cosa por una relación. En realidad, dejas que tus límites se disuelvan porque inconscientemente tienes miedo de que te abandonen.

Tu valor ha pasado a definirse únicamente por tu utilidad para tu pareja. Los psicólogos ven las raíces de este comportamiento en la experiencia infantil, en la que el amor se daba condicionalmente: por obediencia, buenas notas o cuidado de los seres queridos.

En la vida adulta, la persona reproduce un modelo familiar: para ser amado, uno debe satisfacer plenamente las expectativas del otro, olvidándose de las propias. Una señal de alarma es un sentimiento constante de culpa y responsabilidad por el estado de ánimo de la pareja.

Si él frunce el ceño, tú inmediatamente «¿Qué he hecho mal?». Sus emociones se convierten en su frente meteorológico, determinando el clima de todo su mundo interior.

La salida de este estado no empieza con ultimátums a tu pareja, sino con un agónico regreso a ti mismo. Tienes que volver a aprender a escuchar tu propia hambre, fatiga y deseos.

Pregúntate: «¿Qué es exactamente lo que quiero en esta situación?», aunque la respuesta te parezca egoísta o te dé miedo. Los expertos insisten en que una relación sana es la fusión de dos personas completas, no de dos mitades.

En la codependencia, en cambio, dos no mitades intentan unirse en un todo frágil, sintiendo constantemente que les falta algo. Es una unión por carencia, no por exceso.

La experiencia personal de superar tal condición siempre implica un distanciamiento doloroso pero necesario. Hay que empezar a pasar tiempo separados, tener nuestras propias aficiones y amigos.

Al principio te dará pánico, tanto a ti como a tu pareja, acostumbrada a tu disponibilidad constante. Puede que tu pareja se resista a tus intentos de ser más independiente. Al fin y al cabo, tu independencia rompe el sistema que a él le resulta cómodo.

Sus manipulaciones («Te has desenamorado de mí», «No te importan mis sentimientos») son un último intento desesperado de recuperar el viejo orden de las cosas, disfuncional pero familiar. La paradoja central de la curación es que sólo encontrándote de nuevo a ti mismo tienes la oportunidad de construir una relación verdaderamente fuerte.

Desde una postura holística, puedes amar no por miedo a la soledad, sino por una auténtico interés por la otra persona. Y esa es una historia muy diferente, mucho más sostenible.

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