Cómo los perros se convierten en líderes: una guerra silenciosa sin arañazos

Solíamos pensar que el puesto de líder en una manada de perros llegaba tras una brutal pelea, en la que ganaba el más fuerte y con más dientes.

La realidad resulta ser mucho más sutil y se asemeja a negociaciones diplomáticas bastante complejas, donde el papel principal no lo desempeñan los colmillos, sino la mirada, la postura e incluso la capacidad de fingir que no pasa nada, informa el corresponsal de .

La mayoría de los perros resuelven sus relaciones mediante demostraciones, amenazas y acciones ritualizadas, y sólo en raras ocasiones llevan las cosas a una pelea real. La verdadera jerarquía se forma a menudo en una interacción parecida a un juego, en la que ligeras embestidas y esquives son ya una cuestión de supremacía.

El encuentro de dos perros desconocidos puede parecer un alboroto divertido, pero en él leen al instante la confianza, la presión y la voluntad de ceder del otro. A través de este comportamiento, en parte lúdico, no sólo se hacen amigos, sino que también descubren inequívocamente quién es el «perro mayor».

Una posición establecida de este modo puede ser tan estable como una ganada en batalla. La seguridad en las relaciones ni siquiera es un lujo, sino una necesidad básica del animal social, un requisito previo para la coexistencia pacífica.

Curiosamente, en esta jerarquía tácita, el sexo y el tamaño no son un criterio. Una perra suele ocupar una posición más elevada que un macho del mismo tamaño, y a veces incluso puede dominar a un macho más grande.

Los cachorros, en cambio, están fuera de este sistema y disfrutan de la indulgencia general hasta que maduran. Esto demuestra la complejidad de los complejos sociales, donde los instintos de procreación y defensa de la prole pueden pesar más que la fuerza física bruta.

Los zoopsicólogos observan que un perro en una familia humana busca y construye instintivamente una estructura similar. Si las personas no le ofrecen un modelo jerárquico claro, la mascota empieza a crearlo por su cuenta, lo que suele acarrear problemas de comportamiento.

Observa atentamente quién controla a quién, cuyas instrucciones obedece sin rechistar, y se esfuerza por ocupar un lugar lo más cercano posible a la cima de la escalera. Los gritos y los castigos son inútiles aquí, lo que se necesita es calma, confianza en el liderazgo, que el perro lee en los detalles más pequeños.

Comprender estos mecanismos es la clave de la armonía. Cuando notes que tu perro intenta pasar primero por la puerta, pone obstinadamente la cabeza en tu regazo o te mira fijamente a los ojos mientras comes, no está siendo malo.

Pone a prueba los límites y los estatus como lo haría entre parientes. Tu respuesta coherente le ayuda a sentirse segura sabiendo que hay un líder de confianza en la casa en quien confiar.

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