Una baguette rancia o un Borodino poco comido yacen ociosos, causando culpa.
La mayoría de la gente los tira o hace migas inútiles, informa un corresponsal de .
Pero precisamente ese pan, que ha perdido su humedad, es el material perfecto para crear un ingrediente secreto que transformará decenas de platos. Triture el pan duro sin corteza hasta convertirlo en migas, pero no en polvo.
Extender una fina capa en una bandeja de horno y secar en el horno a baja temperatura (100-120°C) hasta que esté ligeramente dorado y completamente crujiente. Este pan rallado casero es mucho más sabroso que el pan rallado comprado.
Dan la textura perfecta a las chuletas, el pescado o la coliflor, creando una capa crujiente pero tierna. Pero la magia principal está en otra función.
Fríe estas migas gruesas y crujientes en aceite de oliva con ajo y una pizca de sal hasta que estén bien doradas. Espolvoréalas sobre todo, desde sopa de crema de calabaza hasta pasta carbonara.
Darán lo que los profesionales llaman «el acento final»: un contraste de textura y una explosión de sabor. Ya no es un rescate, sino una técnica consciente que convierte las sobras en la mejor parte de la cena.
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